Chispazo en Dublín

 

Hay charlas que siempre concluyen con el mismo gesto. Una mano se desliza por el bolsillo en búsqueda del teléfono. Cuando conoces a alguien de quien merece la pena hablar hay una pregunta que apunta directamente a su físico y uno termina antes buscando en sus redes sociales que en describir a la persona. Es tan difícil convencer a nuestros interlocutores de que una persona es atractiva como de que una ciudad merece una visita. Pero lo que no consiguen las palabras tampoco lo logran las imágenes. Lo complicado de describir a alguien está en ese chispazo que se encuentra en la mirada de quien habla. Con Dublín pasa lo mismo. Una fotografía no le haría justicia: la separaría de ese encanto irresistible en el cara a cara.

La capital de Irlanda seduce por su ambiente. No importa que abunden los días grises o que el frío apriete, las calles están repletas de gente sonriente dispuesta a hablar el tiempo que le haga falta al visitante a acostumbrarse al acento. Cuando el sol se pone, las cervezas no dejan de desfilar por las mismas barras en las que distintos idiomas se entremezclan con la música que suena de fondo. Sabemos que es martes pero podría ser viernes. Una rubia y otra tostada, guinness por supuesto, en una de esas mesas que mantienen una estética similar a la de pubs vecinos. Son más de setecientos en la ciudad, pero The Temple Bar se reconoce rápidamente por su fachada roja vibrante y por la estatua de James Joyce que se encuentra en su interior. No es el único compañero, pronto se termina compartiendo mesa.

The Brazen Head, el pub más antiguo de Dublín; y The Church, la iglesia reconvertida en un local que aprovecha la parte superior, junto al órgano, como restaurante son también la prueba de esa conexión que se produce con la ciudad. No es de extrañar que sean muchos los dublineses que se animan a formar parte de City of a Thousand Welcome, la iniciativa con la que los turistas pueden conocer la ciudad de la mano de un lugareño de forma gratuita. Ya lo hacen en los pubs mientras se resguardan del frío.

El encanto de Dublín reside ahí, en el ambiente que le rodea. Vuelvo con imágenes emblemáticas. De Trinity College y su espectacular biblioteca, en la que se conserva el Libro de Kells, la iglesia de Saint Andrew o la Guinness Storehouse. Estampas que la convierten en una ciudad más entre un millón. Son sus puntos fuertes, bien merecen ser descubiertos, pero no consiguen por sí solos esa necesidad de hablar de la ciudad. De escribirle estas líneas. Su encanto reside en esa parte que es más difícil de describir: cuando decidimos que alguien es atractivo lo hacemos desde nuestra percepción. No debería haber nada más subjetivo que las sensaciones que una persona o un lugar nos despiertan. El chispazo lo cambia todo.

2 comentarios sobre “Chispazo en Dublín

  1. Son simpáticos los irlandeses
    y no solamente porque les guste la juerga y los bares como a nosotros, sino también porque en toda su historia le dejaron claro a los ingleses que no querían saber nada de ellos, y menos que los dominaran.

    Le gusta a 1 persona

  2. El primer contacto con una persona, cosa o ciudad provoca una reacción en nuestro cuerpo que nos posiciona frente a ella. A veces para bien, otras para mal, pero en todo caso es un sentimiento inevitable que con el tiempo puede o no cambiar. Dublín me enamoró a primera vista, sobre todo por su gente, y a fecha de hoy no he cambiado de opinión respecto de ella.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s