La cloaca máxima del Estado

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Hay tanto que ver en Roma, que la Cloaca Máxima, una de las más antiguas redes de alcantarillado del mundo, puede pasar desapercibida. Pero, cuando el visitante se encuentra con alguno de los tramos que todavía se mantienen en pie despierta la curiosidad por esa construcción que fecha del año 600 a.C. y conducía los desechos de los baños públicos a través de sus múltiples bifurcaciones. Con las cloacas del Estado pasa lo mismo. Están ahí, desde tiempo inmemorial, pero hasta que el foco recae sobre ellas pasan desapercibidas para el ciudadano, que va de aquí para allá, olvidando que en lugar de bajo sus pies, se encuentran sobre su cabeza, en lo más alto del sistema.

Hay veces que, sin embargo, las luces se dirigen a las sombras. Ráfagas dispares apuntan hacia donde dictan los intereses del alumbrante y muestran un mundo del que solo queda claro que, para crecer, en el sentido más ambicioso de la palabra y el único para algunos, hay que tirarse al lodo. Bucear en él.

La sucesión de revelaciones que se acumulan durante los últimos días en montañas licenciosas, de las que los afectados desconocen como descender, ofrece una incógnita difícil de resolver: dónde situamos la decencia. Un hilo une las cloacas desde las que emerge el comisario Villarejo con el show que alimenta la clase política, mucho más centrada en hacer campaña con cada mensaje que transciende que en debatir sobre la revisión del sistema educativo o el problema demográfico. La protagonista es ahora la moral. Se busca que los valores lo impregnen todo, desde conversaciones privadas hasta maniobras fiscales, y dejan el listón demasiado alto para un mundo en el que se juega cerca del lodo.

Hay lupas que muy pocas personas soportarían sin ruborizarse. Por ello resulta llamativo que los partidos y sus responsables hagan política con la decencia y acepten vivir a golpe de escándalo, como si pensaran que, en realidad,  no hay nada de lo que escandalizarse. Pero, en un mundo repleto de líneas, uno debería saber cuando ha cruzado de la calle a la cloaca: hay veces que lo más peligroso de una conversación es el interlocutor y el contexto en el que se tiene.

Por acumulación, la gran red de alcantarillado de Roma requería de limpiezas frecuentes. Quizás se deberían seguir los mismos pasos para poder hablar unos y otros de moral con dignidad y abrir el abanico de cuestiones a tratar sin un constante paréntesis que no hace otra cosa que desprestigiar el servicio público.

4 comentarios sobre “La cloaca máxima del Estado

  1. No será que nuestra clase política se dedica a los dimes y diretes…a tu más..y a otras cuestiones bizantinas porque no tiene soluciones para las cuestiones fundamentales…posiblemente tsmpoco mucho interés…le dan más juego las chorradas.

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  2. James Bond, el cachondo superagente 007, defensor de los valores victorianos del imperio británico, imprescindible personaje, con licencia para eliminar a los malvados traidores de la patria, mientras, que en el Reino de España, nos protege el romántico agente de información Mortadelo, caótico y ridículo personaje, quizás, como el comisario Villarejo y sus escuderos, de protector de la nación española a enemigo de ella. Por lo que, lo triste de la realidad, es que subyace una estructura nauseabunda en el submundo del Estado, necesaria para mantener el supuesto orden y el bien común, a través de obtener información, no por medios ni practicas licitas, que les aseguran el poder al gobierno de turno.

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  3. Es una pena que necesitemos el barro para ensuciarnos y no para modelar, de manera que nuestros defectos puedan llegar a desaparecer. En la época en las que nos movemos es más fácil desprestigiar al otro que buscar soluciones a los defectos del sistema. Ya se sabe: Consejos vendo que para mí no tengo!!

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  4. Urge un sistema educativo que se actualice y cree generaciones que lean más allá del titular de la noticia, sólo de esa forma todos nosotros empezaremos a ser más decentes y dejaremos de seguir las corrientes populistas que dan a nuestros oídos lo que queremos escuchar.
    Mientras tanto seguiremos defraudando a Hacienda y creyéndonos más listos que el vecino que declara.

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