Esos excelentísimos másteres

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Hace ya un mes que saltó la bomba y Cristina Cifuentes se convertía en el centro mediático. Se levantó una mañana y leyó en el periódico lo mismo que otras tantas personas pero con la diferencia de que ella no descubrió nada nuevo. Paradójicamente, parece que su sorpresa fue la mayor de todas. Hay para quien lo inesperado no son los hechos sino el escándalo: el número de casos que se fueron sumando al suyo demuestra que en política uno adorna su currículo con la misma naturalidad que compra plantas para su casa. Con cada título la cabeza más alta y la gente más lejos. Habrá quien quiera alcanzar los 46 de la Duquesa de Alba. Las élites, al igual que la energía, no desparecen, solo se transforman. Pero, hay algo que debe justificar que lo sean.

Tan grave como conseguir que una institución del sistema educativo, ese que debe garantizar la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, peque de falsedad documental y deje su prestigio por los suelos es esa vanidosa necesidad de querer más y a cualquier precio. Cuando uno está preparado para el cargo que ostenta no debería preocuparle engordar su expediente hasta hacer de él una enciclopedia. Todo conocimiento es enriquecedor, pero obtener títulos por postureo es querer recuperar algo tan manido como la diferencia de clases: ahora son la política y el pueblo.

El fervor por los títulos viene de lejos. Se tramitan por Real Decreto y le dan a quien los posee el honor de ser llamados excelentísimos señores, en el caso de los que llevan aparejados la Grandeza de España; e ilustrísimos señores a aquellos con títulos más modestos. Por qué conformarse con ser conde si un duque siempre estará por encima. Ahí reside el mal de las sociedades jerarquizadas: los empeños por querer ser van de la mano del establecimiento de privilegios. La cuestión ya no es si uno quiere trampear su currículo, sino que haya una Universidad dispuesta a implicarse en la farsa. La discriminación ya está hecha: mientras una parte de la población busca diferenciarse con esfuerzo, otros se cargan el sistema para hacer magia. Y, lo hacen porque pueden: son los nuevos excelentísimos señores.

3 comentarios sobre “Esos excelentísimos másteres

  1. Una gran verdad, a la que hay que añadir la preocupación de que a una parte de la sociedad le parezca correcto una actuación que es inmoral y que dice muy poco tanto de las personas que provocan esta situación como la de las que la avalan.

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  2. Lo de la titulitis en España viene de antiguo. En el medievo se presumía de ser cristiano viejo, desconociéndose el mérito que suponía.Actualmente se presume de tener llena la pared de títulos inmerecidos, desconociéndose asimismo el mérito de los mismos.
    Lo grave es que esos títulos por ser frívolos hacen desmerecer los de quienes los han obtenido con mucho trabajo y esfuerzo económico de sus familias

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  3. Hai frases neste texto que me encantan: ” adorna su currículo con la naturalidad de quién compra plantas para su casa” ou “hay para quien lo inesperado no son los hechos sino el escándalo”
    Mereces obter un máster en “Agudeza e precisión no estilo. A linguaxe na rede” pola Universidade popular galega da retranca

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